Seguro que los amantes y fieles seguidores del tebeo todavía tienen presente al itinerante Tintin recorriendo el mundo en ferrocarril. Desde sus andanzas ferroviarias en el país de los soviets durante la Guerra Fría, hasta su exploración del místico Machu Picchu. Pero, no sólo el personaje de Hergé ha vivido emocionantes aventuras a bordo de un tren.
El Reporter Tribulete también ha cruzado montañas
en busca de un lugar para descansar, lejos de la presión laboral de su jefe, el Dire; y la familia Ulises ha sufrido una y mil desventuras durante el caluroso veraneo. Sin olvidar la típica imagen de Superman frenando
un tren a alta velocidad, o a Mortadelo y Filemón
colándose en un coche de pasajeros para resolver alguno de sus casos.
Y es que el tren y los tebeos nacieron por la misma época, hacia mediados del siglo XIX y han alcanzado ambos alto impacto social. El ferrocarril revolucionó el comercio y facilitó la comunicación entre poblaciones, hasta consolidarse como un elemento fundamental del progreso industrial. Desde el principio, el tebeo, basado en el humor sarcástico de la vida cotidiana, posó sus ojos sobre el invento revolucionario. Los autores de estas sátiras utilizaron al ferrocarril como escenario de sus historietas y también se burlaron de él.
Las incomodidades en la estación, los retrasos, el mozo de carga de equipajes, el humo invadiendo el andén,
los pasajeros, todos han sido figuras recurrentes. Pero hay que tomar en cuenta que era una burla sana, para darle color al acontecer diario de la vida.
Una divertida recopilación histórica