Hasta el más pequeño rincón de Andalucía
engalana sus calles en los días de Semana Santa. La tradición nazarena cobra un significado especial que brota de la devoción
de sus gentes, del valor artístico de las imágenes
que procesionan y de la antigua historia de sus hermandades.
La andadura comienza en las monumentales ciudades de Úbeda y Baeza. Al abrigo de la frontera
natural de Despeñaperros, declaradas Patrimonio
Histórico de la Humanidad, estas dos vecinas y amigas componen un marco inigualable para iniciar viaje entre grandiosos edificios renacentistas e iglesias
de visita inexcusable: Santa María de los Reales Alcázares, en Úbeda, y la catedral y la iglesia románica
de Santa Cruz, en Baeza.

Sus fiestas de Semana Santa, declaradas de Interés Turístico, empiezan el Domingo de Ramos, cuando La Borriquilla recorre las calles de piedra sobre un trono llevado a hombros por hermanos de la cofradía. El mismo domingo hacen estación de penitencia
en Baeza las hermandades de La Santa Cena y La Oración en el Huerto.

El lunes por la noche, la salida de la capilla de San Juan de la Antigua Universidad,
en Baeza, del Cristo de Las Escuelas –que data de la primera mitad del siglo XVI–, sosiega la algarabía dominical. Portado a hombros por jóvenes
estudiantes, sobrecoge al visitante el silencio de los cofrades que, con una cruz de madera al pecho, cubren su recorrido vestidos de negro y sin túnica procesional.
La ruta continúa el martes en Córdoba, por los callejones de su Judería. Es éste un día de multitudes
porque son seis las hermandades que procesionan:
la Agonía, desde el barrio del Naranjo; la Santa
Faz, marcial con sus escoltas militares y envuelta en aplausos, desde la Trinidad; la Sangre, joven y elegante, sorteando las estrecheces de la calle San Miguel; el Buen Suceso, la imagen de la seriedad; las Palmeras, en el barrio que le da nombre, y el Prendimiento, quizá la más popular, al ritmo de las marchas procesionales, exhaustos sus costaleros al paso por las Tendillas. Si se quiere escuchar saetas, no hay que dejar pasar la oportunidad de acudir a ver la entrada de la hermandad de la Santa Faz. Castejón y El Califa suelen ofrecer un particular “mano a mano”.
La siguiente parada es Sevilla. Fiesta en las calles, tesoros en los templos y una pasión vivida
intensamente durante todo el año. El Miércoles Santo es tarde de contrastes. El populismo lo aporta
El Baratillo, desde la iglesia del mismo nombre adosada a la parte trasera de la Real Maestranza. Ha sido ésta tradicionalmente la hermandad de los toreros, del júbilo y la alegría, de la Virgen de la Caridad mecida al son de las marchas por los incansables
costaleros... Las hermandades de barrio también congregan a muchos fieles a su paso, la Sed, San Bernardo… Como contrapunto, la sobriedad
y el silencio de San Pedro, el susurro de clarinetes
y oboes al paso de su Cristo de Burgos, una magnífica talla de Juan Bautista Vázquez que data de 1573. El jueves se pueden visitar iglesias para admirar los pasos que han procesionado. Es recomendable
pasar una tarde tranquila si se quiere vivir intensamente la madrugada.
La tentación está en la mesa
Comer y dormir