La pasividad con la que el viandante puede
encontrarse entre sus coquetas calles, el
aire fresco de sus paseos arbolados y las
gratas postales de sus señoriales casas puede que
expliquen por qué tantos madrileños escogen San
Lorenzo de El Escorial como un magnífico destino de fin de semana o, incluso, para abandonar el ajetreo
de la gran ciudad, fijando allí su residencia y decantándose
por la tranquilidad que sólo se descubre en
los pueblos. Contrasta esta imagen con la centralidad
y el intenso trajín que alguna vez tuvo esta zona,
ya no sólo para la corona española y sus dominios, sino también para la iglesia católica, que se apoyó
en el simbolismo del monasterio como estandarte de
la Contrarreforma.

Distante a escasos 50 kilómetros de la ciudad de Madrid,
en El Escorial conviven dos pueblos. El de “abajo”
o El Escorial a secas y, el de “arriba” o San Lorenzo de
El Escorial donde está enclavado el Monasterio. Su origen
se remonta a la Reconquista, en el siglo XI, pero no
fue sino hasta bien entrado el siglo XVI cuando Felipe
II estableció la corte en Madrid y decidió construir en
la zona el Monasterio, que sería también panteón familiar,
su palacio preferido, así como convento, biblioteca
e iglesia. Al monarca le agradaba la idea de estar cerca
de Madrid y controlar el reino desde esta región en la que, además, podía practicar la caza. Su constante presencia
para controlar las obras de este colosal edificio
redundaría en el desarrollo de esta villa.

Con unas espectaculares dimensiones y construida
en granito sobre las faldas del monte Abantos, en
la Sierra de Guadarrama, la obra se acabó en relativo
poco tiempo: en 1562 se fijó el emplazamiento y la última
piedra fue colocada en 1584, según los proyectos
originales de Juan Bautista de Toledo, que murió antes
de concluir la obra, y de Juan de Herrera, considerdo
el verdadero artífice de este monumento, declarado en
1984 Patrimonio de la Humanidad, y que algunos consideran
como la octava maravilla del mundo. Herrera
también es autor de las dos Casas de Oficios, frente
a la fachada norte del Monasterio, y su continuador,
Francisco de Mora, de la Casa de la Compaña.
Llegar a El Escorial en tren