Hace doce meses, el gobierno británico retomó
el control sobre la política y la financiación
de la red ferroviaria. Este nuevo cambio
de gestión ha sido consecuencia del incremento exponencial
de los gastos durante un periodo de diez años
de gestión privada.
La privatización del ferrocarril en Gran Bretaña,
en 1996, marcó un antes y un después en el sector a
nivel internacional. Surgió como un proyecto pionero
en Europa y con expectativas de demostrar que el
sector privado podía gestionar con ventajas un bien
nacional de forma más efectiva que el Estado. Sin
embargo, el sistema ferroviario no marchó todo lo
bien que se esperaba y, ahora, el Estado ha dado
un paso hacia la que se conoce como "nueva estatalización", mediante la aprobación, en 2005, de la Ley de Ferrocarriles que supuso la desaparición del Strategic Rail Authority (Organismo Estratégico del Ferrocarril). Con el nuevo panorama normativo, el
gobierno británico recupera el control regulatorio y
financiero de la infraestructura ferroviaria a través
de Dft Rail Group.