La operadora pública de los ferrocarriles
franceses, Sncf, ejerce desde
hace años un sólido liderazgo en la
explotación de líneas internacionales
de pasajeros. Esto la coloca a la cabeza de las empresas
ferroviarias europeas tras la reciente liberalización de los
tráficos a través de frontera. La red del TGV, la marca de
trenes de alta velocidad de Sncf, conecta más de 150
ciudades y pueblos de Francia con urbes clave del centro
de Europa. Desde 1981, cuando se inauguró la conexión
con la ciudad suiza de Ginebra, sus trenes llegan hasta
Londres, Bruselas, Lausana, Zúrich, Turín, Milán, Ámsterdam
o Colonia, entre otras.
Esta expansión la consiguió en base a la firma de
acuerdos bilaterales con los Estados con los que intercambiaba
los servicios de su red ferroviaria. Ahora,
desde principios de 2010, el mercado transfronterizo de
pasajeros se ha liberalizado, y permite a cualquier operador
mover trenes a través de las fronteras europeas sin
necesidad de que tengan salida o destino en su propio
país. Los acuerdos bilaterales a los que ha estado ligada
Francia ya no son necesarios, pero aquel esfuerzo por
internacionalizar su red coloca a Sncf en buena posición.
Sin embargo, la operadora francesa aún necesita crecer
en lo que respecta al transporte de mercancías: el mercado
europeo se abrió 2005, pero es la alemana Deutsche
Bahn (DB) la principal empresa en este sector.

Plan de reforma
La estrategia de expansión internacional de Sncf viene
reflejada en el plan Destino 2012, en el que se detallan
los retos estratégicos para un periodo de cinco años.
Su objetivo durante esta etapa consiste en aumentar un
50% la cifra de negocio de la compañía para llevarla a los
36.000 millones de euros. Pretende, además, doblar el
resultado operativo de 1.000 a 2.000 millones de euros.
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