Cáceres, una puerta al nuevo mundo
Cuna de conquistadores y Patrimonio de la Humanidad, la historia de Cáceres comenzó a escribirse durante el paleolítico superior con los primeros asentamientos humanos.
 
Texto: Selena F. de Enciso - Fotos: Age 
 

Aunque los libros hablan de Cáceres a partir de su vinculación a Roma, lo cierto es que hace más de 30.000 años el hombre del paleolítico dejó huella de su estancia en la zona de la cueva de Maltravieso, en las afueras de la ciudad, donde se encuentran unas muestras pictóricas de representaciones zoomórficas y figuras simbólicas como baras o triángulos. Sin embargo, la Historia con mayúscula de la ciudad se escribe a partir de la fundación romana de Norba Cesarina, en el año 34 a. C., cuando se convierte en una de las etapas de la Vía de la Plata, nexo de unión entre Sevilla y Astorga. Después pasó al dominio de los árabes, quienes la fortificaron; para vivir una etapa de riqueza y esplendor en el siglo XVI, con la vuelta de los conquistadores de América, la mayoría de ellos oriundos de Extremadura. Una ciudad con tanta historia que le sirvió para conseguir, en 1986, la declaración de la Unesco de Patrimonio de la Humanidad.
Tras los muros de las casas-fortaleza y palacios que conforman las empedradas calles de Cáceres se han vivido numerosos episodios que han marcado su carácter. Edificios militares, civiles y religiosos se unen en uno de los centros históricos más bellos y mejor conservados de la península al que se puede acceder fácilmente en tren. Así, Renfe dispone de una amplia oferta de servicios de Media Distancia que unen Cáceres con Madrid, Sevilla, Plasencia y Mérida.


Una escalinata desde la plaza Mayor conduce al Arco de la Estrella, el principal acceso al recinto amurallado de Cáceres y paso de carruajes a las estrechas calles interiores, como la que conduce a la plaza de Santa María, el centro de la parte baja de la ciudad, y donde se levantan gran número de palacios y casas solariegas, así como la catedral, una iglesia románica de transición al gótico con una inconfundible torre coronada por nidos de cigüeñas que se ha convertido en una imagen típica. Uno de los edificios que se encuentran en la plaza de Santa María es el Palacio Episcopal, la antigua residencia del obispo de Coria. Siguiendo nuestro camino llegamos a la plaza de San Jorge, el punto de unión entre la parte alta y baja de la ciudad, donde se encuentran la iglesia de la Preciosa Sangre y la antigua residencia de los jesuitas.

Desde ahí, nos dirigimos a la parte más alta del recinto amurallado tomando una calle escalonada que nos conduce a la Casa de los Solís, de estilo gótico, frente a la cual está la Torre de Sande, con su impresionante matacán y sus muros cubiertos de hiedra. De vuelta al camino, encontramos la plaza de San Mateo, donde destacan la iglesia del mismo nombre, y el convento de San Pablo, habitado por las Clarisas.
A la izquierda de la iglesia de San Mateo, la Torre de las Cigüeñas (en la actualidad, la sede del Gobierno Militar) exhibe sus almenas que sobrevivieron a la orden dada por los Reyes Católicos de desmochar todas las torres de la ciudad y acabar así con las guerras internas de la nobleza cacereña.

 
 
 
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