La construcción del tren de alta velocidad
entre Madrid y Lisboa, tras
años de buenas intenciones, logra
por fin su velocidad de crucero. La
frase podría considerarse como un fácil recurso ferroviario
si no fuera porque en las últimas semanas se han acumulado
hechos favorables para que esta segunda etapa
de las interconexiones peninsulares pueda ser realidad
en un plazo de cinco años. Las elecciones legislativas
portuguesas del pasado otoño volvieron a dar la victoria
del socialista José Sócrates, el impulsor de la alta velocidad
lusa. A la vez, dejaron en la oposición a Manuela
Ferreira, que apostaba por la modernización de la red de
tren convencional de pasajeros y mercancías, en detrimento
de la alta velocidad.
Impulso desde España
El Ministerio de Fomento español aprobó en diciembre la
licitación de actuaciones en siete líneas de alta velocidad
por 1.562,5 millones de euros, para favorecer la creación
de empleo y combatir la crisis económica.

Estas inversiones
incluían 127 millones para las obras de plataforma de
alta velocidad entre Grimaldo y Casas de Millán. Se trata
de un proyecto de 6,6 kilómetros de longitud en la provincia
de Cáceres, dentro del tramo Talayuela-Cáceres
de la línea Madrid-Extremadura-Lisboa. La licitación se
suma a las aprobadas en noviembre para los subtramos
Casas de Millán-Cañaveral, Garrovillas-Casar de Cáceres
y Casar de Cáceres-Cáceres, por 131,7 millones. En el
primer trimestre del recién estrenado 2010 está previsto
que Fomento licite otros 11 tramos de alta velocidad con
Portugal por 620 millones. |