La puesta en marcha del
servicio de cercanías por
parte de Renfe, hace dos
décadas, está vinculada
a los desarrollos urbanísticos que en Madrid,
como en otras grandes ciudades, venían originando
una dispersión de sus habitantes hacia
la periferia, en busca de una vivienda adaptada
a sus necesidades. Desde unos años
antes, esto provocó que la demanda de transporte
se incrementara hacia y desde el centro
urbano, y que los clientes pidieran un servicio
rápido, puntual, cadenciado… y, además, que
evitara las aglomeraciones de entrada y salida
de las grandes ciudades.
Para ello, Renfe necesitaba trenes diseñados
específicamente, estaciones tecnológica
y funcionalmente adaptadas, y unos
profesionales que, desde todos los ángulos
de la gestión, trabajaran con responsabilidad
y siendo conscientes de la importancia
del momento. Desde la experiencia, y
a través de sus trabajadores, este servicio
mantiene intacta su vocación y su ilusión
iniciales. Porque, además, aún quedan momentos
importantes que afrontar.
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