El agua es vida, y muchas ciudades se han ubicado
junto a los ríos para nutrirse. El Guadalquivir ha alimentado
a Sevilla; América, el oro, el maíz, el tomate, creencias
y civilizaciones enteras pero también invasiones o pestes,
casi todo llegó aquí a través del río. Es carácter e historia de la ciudad
y está presente en todas sus representaciones artísticas. Incluso hay quien
apunta que Sevilla no es una ciudad, sino dos, ya que el Guadalquivir actúa
como eje entre Sevilla y Triana, la otra orilla. Tal radical diferencia existe porque,
oficialmente, Sevilla no construyó su primer puente hasta el siglo xix.
Se llama puente de Isabel II, pero todo el mundo lo conoce como puente
de Triana, quizá el único barrio de Sevilla que puede rivalizar en popularidad
con sus monumentos. Famoso por sus cerámicas y su virgen, es en realidad una zona de origen obrero y gitano, cuna de toreros
y flamencos, que siempre ha vivido en torno a esos
corrales de vecinos repletos de macetas, un hermoso
invento árabe hoy casi en vías de extinción. Afortunadamente
algunos como el de Las Flores (Castilla,
16) o el de Herrera (Pages del Corro, 111) han sido
rehabilitados y se pueden visitar.


Por Sevilla pasaron fenicios, griegos, romanos y cartagineses.
Los árabes, que se establecieron durante
500 años, dejaron, posteriormente, una huella cultural
que es palpable por toda la ciudad. No obstante, el
crecimiento y la riqueza se desplegaron tras el descubrimiento
de América. Las dos exposiciones universales
del siglo pasado (1929 y 1992) se encargaron de
terminar de trazar la urbe tal y como es en la actualidad.
Una ciudad que decidió tomar como seña de
identidad, casi como logotipo, un antiguo alminar convertido
en campanario. Sevilla se resume en una torre de 97 metros rematada por un giraldillo, y no parece mala
idea, ya que la Giralda es un gran ejemplo de mezcla entre
el mundo musulmán y el cristiano, algo que retrata a la
perfección la esencia de la ciudad. Desde lo alto se contemplan
los exuberantes jardines del Palacio del Alcázar
y el laberinto de las angostas callejas de Santa Cruz. La
Giralda se asienta sobre una de las mayores catedrales
góticas que existen. Fue construida sobre la mezquita islámica,
de la que todavía se conserva el bello Patio de los
Naranjos. Tres mil años de historia han dejado tal riqueza
monumental y artística que hace que en esta capital haya
más conjuntos declarados patrimonio de la humanidad
que en ninguna otra ciudad española.
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