Ll ferrocarril, en especial la alta velocidad, es
desde hace muchos años uno de los pilares
del desarrollo económico, tanto en Europa
y Japón como, más recientemente, en el continente
asiático. Ahora, con la crisis, muchos ojos se han
vuelto hacia la creación de nuevas infraestructuras de
trenes veloces como una vía segura para mantener o
recuperar un impulso en el sector de la construcción.
Este es el caso del nuevo presidente de Estados Unidos.
El pasado 17 de abril, Barack Obama, anunció
su decisión de poner en marcha un amplio proyecto
para desarrollar una extensa red de alta velocidad inspirándose en el ejemplo de países como Francia,
Alemania, China, Japón y, sobre todo, España.
Obama ha optado por subirse al tren porque la
construcción de sus infraestructuras creará puestos de
trabajo, pero también porque el nuevo modo de transporte
reducirá de manera drástica la emisión de gases
de efecto invernadero y ayudará a disminuir la dependencia
del petróleo en el sistema de transportes.

El Congreso de los Estados Unidos ha dado el visto
bueno al multimillonario plan de reactivación de la
economía, en el que el desarrollo de obras ferroviarias
es uno de sus puntos fuertes. El programa designa
como actuaciones prioritarias diez corredores de alta
velocidad: California (entre San Francisco y San Diego),
Pacific Northwest (entre Vancouver y Eugene), South
Central (que une Tusla con San Antonio y Little Rock),
Gulf Coast (entre Houston y Atlanta), Chicago Hub Network
(enlaza Chicago con Detroit, Kansas y Louiseville),
Florida (entre Tampa y Miami pasando por Orlando),
Southwest (Washington con Atlanta y Jacksonville),
Keystone (une Filadelfia con Pittsburgh), Empire (conecta
Nueva York con Albany y Buffalo) y Northern New
England (Boston con Montreal y Albany). El plan prevé,
además, aportar fondos para mejorar el corredor Northeast
que une Washington, Nueva York y Boston, el
único de alta velocidad que existe ya en el país.
Participación de Renfe