Renfe Operadora apuesta por la sostenibilidad.
En concreto, por una gestión eficiente desde el punto de vista empresarial que esté sustentada en los criterios del desarrollo sostenible, aquellos que satisfacen las necesidades del presente sin comprometer las posibilidades de las generaciones
futuras. Para Natalia Garzón, directora general Económico-Financiera y de Planificación de Renfe, son dos conceptos que no están reñidos y que han de ir unidos en cualquier empresa moderna: “Es esencial que se establezca la sinergia entre lo sostenible y lo económico”. De hecho, la gestión sostenible incluye las dimensiones ambiental, social y económica. Una empresa del sector del transporte como Renfe, si lleva a cabo acciones conformes a una política de respeto medioambiental, como por ejemplo el ahorro energético,
obtendrá una reducción en sus gastos, y en conclusión, una mayor eficiencia empresarial. “Queremos
seguir impulsando la sostenibilidad desde la gestión porque para Renfe es una pieza básica y un elemento diferenciador de la empresa”.

Y es que como recuerda Natalia Garzón, “el ferrocarril
es el modo de transporte que por definición es más sostenible. Por ello, para Renfe la sostenibilidad es una responsabilidad, pero también un valor”. Una responsabilidad porque, como empresa de un sector que plantea problemas ambientales como es el del transporte, debe apostar decididamente por un modelo
de gestión que esté orientado hacia la eficiencia energética y hacia el respeto por el medio ambiente.
El tren ofrece un servicio que por naturaleza es sostenible ya que es el medio de transporte que menos
costes externos genera, es decir, aquellos causados
por el incremento del efecto invernadero, por la contaminación atmosférica, por la accidentalidad de los modos de transporte, por el ruido, por otras afecciones
ambientales y por la congestión.
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| El ferrocarril genera unos costes externos por unidad transportada cinco veces menores que el tráfico por carretera de mercancías, tres veces inferiores que el transporte por carretera de viajeros y dos veces menores que la aviación civil; todo ello con un ahorro superior a los 2.000 millones de euros anuales. |
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Pero además, el tren es sostenible porque sólo emite un 0,2% de CO2 frente al 55% de los automóviles;
utiliza, sobre todo, la energía eléctrica, en parte de origen renovable; tanto en el transporte de viajeros como de mercancías, tiene un consumo del 1% de la energía consumida por todo el transporte en España; ocupa menos espacio; alivia la congestión,
a la vez que ofrece mayor seguridad, y utiliza racionalmente los recursos, de los que el 95% de los vehículos son reciclables. Asimismo, como agrega
Natalia Garzón, “al ser empresa pública Renfe Operadora está más obligada a ser sostenible y a liderar
la apuesta por la sostenibilidad en el mercado liberalizado del transporte por ferrocarril”.

También Renfe adquiere un valor de la sostenibilidad: “Un modelo de gestión sostenible ayuda a ser más rentables y competitivos. Renfe debe convencer al cliente de que el tren es el mejor medio de transporte
y el que más ventajas ambientales tiene. Tenemos
que saber optimizarlo porque es una ventaja competitiva”.
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Con este fin, se aprobó en diciembre del pasado año el Compromiso Ambiental de Renfe en el que la empresa fijó sus obligaciones con el medio ambiente. Este compromiso se concreta en un Decálogo Ambiental en el que se destaca que Renfe debe cumplir la normativa ambiental vigente, que a sus proveedores y empresas colaboradoras las hace partícipes de esta responsabilidad y que establece en cada Área de Actividad un sistemas de gestión y de control ambiental, entre otros aspectos. |
Un tren de valores
Renfe en el Octavo Congreso
Nacional del Medio Ambiente