El tren va desacelerando poco a poco adentrándose
por el barrio de Sants mientras los pasajeros
recogen sus equipajes. Comienza una
aventura, la aventura de conocer Barcelona. La Sagrada
Familia, la catedral, el Passeig de Gràcia, el barrio gótico…
Cualquiera de estos puntos es bueno para que el
viajero pueda comenzar su visita a la capital catalana.
La Ciudad Condal muestra en cada rincón un trozo
de historia de las muchas culturas y transformaciones
que ha vivido durante siglos. Una de estas épocas fue la
medieval, que la convirtió en centro económico y político
del mediterráneo. Para revivir esa etapa sólo hace
falta recorrer en un agradable paseo el barrio gótico.
La visita puede comenzar en la plaça Sant Jaume,
donde se encuentran dos edificios emblemáticos para
la ciudad, el ayuntamiento y el Palau de la Generalitat.
Bajando por la Vía Laietana se llega a la catedral de
Barcelona. Una vez allí, es recomendable dejarse llevar y
perderse por el entramado de calles que configuran este
céntrico barrio. Pero no hay que olvidar visitar la basílica
de Santa María del Mar, uno de los ejemplos más perfectos
de la arquitectura gótica. Los aficionados a la lectura
seguro que la reconocerán como el escenario del famoso
libro de Ildefonso Falcones, La Catedral del Mar.

Si el viajero quiere reponer fuerzas, a pocos metros se
encuentra el restaurante 7 Portes, (Paseo de Isabel II,
14) inaugurado en 1836. Rodeado de historia y bajo los
pórticos d’en Xifré se pueden degustar platos típicos de
la cocina catalana como la escalibada, la esqueixada o
la butifarra, aunque es más conocido por sus excelentes
arroces. Otra opción es el restaurante Cal Pinxo, en el
Port Vell, en cuyas terrazas y con vistas al puerto se puede
disfrutar de paellas marineras, fideuás, arroz negro,
pescado o marisco, entre muchas otras opciones.
A continuación, un buen plan puede ser la ascensión
a la montaña de Montjuïc, uno de los pulmones verdes
de Barcelona, y desde donde se contemplan unas maravillosas
vistas de la ciudad. Montjuïc ha sido protagonista
de hitos históricos como la Exposición Universal de
1929 pero, sobre todo, de la celebración de los Juegos
Olímpicos en 1992. Allí se concentran algunos de los escenarios
claves como el Estadi Olímplic Lluís Companys,
el Palau Sant Jordi (obra de Arata Izosaki) y la torre de
telecomunicaciones proyectada por Santiago Calatrava.
Muy cerca de allí, en el Museu Olímpic i de l’Esport se
pueden recordar aquellos inolvidables momentos.

En Montjuïc también es posible visitar otros museos
como la Fundación Miró; el Museo Nacional de Arte de
Catalunya –alojado en el Palau Nacional– en el que
deambular por los mil años del arte catalán; el CaixaForum –situado en la antigua fábrica textil Casaramona–,
y el Pabellón Mies van der Rohe. El Pueblo Español y la
Fuente Mágica son otros dos lugares de visita obligada.
Tras descender de Montjuïc, resulta interesante
acercarse al mirador de la estatua de Colón desde el cual se puede gozar de magníficas vistas, tanto del
puerto viejo como de la Rambla, ya que el monumento
se encuentra en el extremo sur de esta famosa avenida.
Continuando con su visita, el viajero puede iniciar
un paseo Rambla arriba entre puestos de flores, pájaros
y mimos, que amenizan el caminar desde Colón
hasta plaça Catalunya. Durante este recorrido, de unos
1.200 metros, el paseante contemplará numerosos lugares
de interés, entre los que destacan el Gran Teatro
del Liceo o el mercado de la Boquería, conocido por su
variada y exquisita oferta. Cuando ya se divisa la plaça
Catalunya, llega el momento de refrescarse en la Font
de Canaletes. Además de ser conocida porque en torno
a ella se reúnen los aficionados del FC Barcelona para
celebrar los títulos, la leyenda dice que quien bebe
agua de esta fuente volverá a Barcelona.
Un año con la alta velocidad