Recorrer un antiguo bosque de pinos silvestres,
atravesar jardines reales o pasear por una ciudad
declarada Patrimonio de la Humanidad.
Todo ello, casi a tiro de piedra de una de las metrópolis
más grandes de Europa y, además, al pie de una estación
de cercanías. A las afueras de la ciudad de Madrid
hay lugares en los que la naturaleza todavía es abrupta
y en los que la historia ha forjado una identidad plena
de arte y de cultura. Las opciones son múltiples y dependen
de las preferencias del viajero por la historia, el
senderismo o la gastronomía.
Numerosos espacios naturales, merecedores de una
o más escapadas, salpican la región. Por ejemplo, la línea
C-9, también llamada Ferrocarril de Cotos, recorre
18 kilómetros por las laderas de la zona central de la
Sierra de Guadarrama. Tiene su comienzo en la estación
de Cercedilla, en el noroeste de la comunidad. Se trata
de un paso de montaña de 1.830 metros de altitud que
comunica la Comunidad de Madrid con la provincia de
Segovia y tiene como punto de inflexión la estación de
Puerto de Navacerrada (1.858 metros). Desde aquí es
muy recomendable realizar el conocido como Camino
Schmidt, una ruta clásica del montañismo madrileño
que transcurre entre el puerto de Navacerrada y la Fuenfría,
bajo los frondosos bosques de Valsaín, en la vertiente
norte, y los de Cercedilla, en la sur. Estos árboles conforman una de las masas forestales mejor conservadas
de la comunidad. Señalizado con marcas amarillas
y de perfil descendente, el recorrido se puede hacer en
unas seis o siete horas, pero en invierno hay que ser
cautelosos por la presencia de abundante nieve.

También en el norte, desde Colmenar Viejo, al final de
la línea C-4, el visitante tiene toda una puerta de entrada
a la Cuenca Alta del Manzanares, tierra de privilegiados
paisajes naturales y engalanada de soberbias
construcciones de cantería del mejor gótico de la Alta
Edad Media. En Manzanares el Real se yergue el Castillo
de los Mendoza, quizá el mejor conservado de la región.
Con las paredes casi verticales de la Pedriza de fondo,
este bellísimo conjunto de grandes ventanales de arcos
de medio punto, consta de un patio rectangular y dos
galerías. El entorno es verdaderamente privilegiado; a
partir de 1992, el Parque Regional de la Cuenca Alta
del Manzanares fue incluido en la red mundial de Reservas
de la Biosfera. Jalonados de bellos cursos de agua,
consta de una increíble composición de rocas lijadas y
redondeadas, enmarañados recovecos que sobresalen
por su colorido y formas caprichosas.

Al este se extiende el conocido como Corredor del
Henares, territorio situado en las comunidades de Madrid y Castilla-La Mancha, cercano a la vega del río del
mismo nombre y recorrido por la línea C-2, donde sobresale
la noble localidad de Alcalá de Henares. Cuna
de Miguel de Cervantes, su centro histórico ha sido
declarado Patrimonio de la Humanidad. Su existencia
está íntimamente ligada a su Universidad, fundada en
1499 por el cardenal Cisneros. El paseo por la calle
Mayor, bellamente porticada, o por la amplia plaza de
Cervantes, proporciona rápidamente la percepción de
que la ciudad tiene un valioso contenido, todavía poco
explotado para el turismo. Edificios como la catedral, la
universidad y el palacio arzobispal son suficientes para
merecer una visita. Esta línea acaba en la ciudad de
Guadalajara, villa de realengo, siempre mimada por los
reyes castellanos, cuyo devenir estuvo marcado a partir
de la Baja Edad Media por sus vecinos más poderosos:
los Mendoza. Su escudo salpica fachadas de palacios e
iglesias por toda la ciudad, engalanando las más pulcras
construcciones renacentistas.
Más al sur, en la línea C-3 está la hermosa ciudad
de Aranjuez. El Real Sitio y Villa, antaño residencia primaveral
de reyes y reinas, debe su localización al deseo
de diferentes monarcas de fomentar este terreno como
espacio de recreo y descanso. Ya la misma estación ferroviaria
es digna de alusión. Erigida en estilo neomudéjar,
hasta aquí llegó el primer ferrocarril en 1852. Desde
este punto y hasta el palacio, acompaña una avenida
con una frondosa arboleda que forma parte del trazado
del casco histórico. El real edificio se identifica por sus
colores blanco y rojo que prevalecen en la fachada. Tiene
su origen en una finca de recreo pero logró su envoltura
monumental en el reinado de Felipe II, aunque su aspecto
actual viene después de la reforma de Carlos III, que le
añadió una gran plaza de armas.
Renfe Cercanías de Madrid