La gestión eficiente de la energía es uno de los
objetivos estratégicos de Renfe como empresa
operadora de servicios ferroviarios y uno
de los pilares fundamentales de su política ambiental.
Esta apuesta se debe a que un ahorro en el consumo
energético potencia la sostenibilidad del tren como
modo de transporte más respetuoso con el medio ambiente
y a que, al mismo tiempo, favorece la reducción
de costes, lo que conlleva la mejora de los resultados.
Además, la eficiencia en el gasto de energía es una estrategia
que se halla en sintonía con las directrices del
sector en Europa y en España.
La Unión Internacional de los Ferrocarriles tiene
editado un libro titulado Process, Power, People. Energy
Efficiency for Railway Managers, en el que marca las
pautas a seguir por las empresas ferroviarias en relación
a la optimización energética a través de tres componentes:
la gestión, la tecnología y el factor humano. En él,
la UIC insta a los operadores a desarrollar una política
de racionalización en materia de energía, con un punto
de partida y unos objetivos definidos; unos sistemas de
medida, tanto de consumo como de su incidencia en la
productividad, así como unos mecanismos de evaluación
que permitan mejorar los procesos de ahorro.
Asimismo, el documento señala una serie de medidas
que favorecen la eficiencia energética, que van desde la utilización de las últimas tecnologías en la
tracción, hasta el diseño y la explotación de los tráficos,
pasando por las técnicas de conducción, el empleo
de la climatización o el uso de instalaciones e infraestructuras.
Entre las recomendaciones de la UIC cabe
destacar la puesta en servicio de trenes más ligeros
y aerodinámicos, el aprovechamiento de la orografía
para implementar una conducción de menor consumo,
la utilización de instrumentos de medida del gasto de
energía, la renovación de los parques de material diésel,
el empleo del freno regenerativo, la realización de
servicios con el mayor número posible de clientes y con
la composición más adecuada, la concienciación de los
trabajadores, el aumento de la productividad, el ahorro
en oficinas y otros edificios, o la optimización de la calefacción
y del aire acondicionado a bordo.

Las acciones recomendadas en el libro de la UIC son
llevadas a la práctica por Renfe, al igual que ocurre en
el caso de las medidas impulsadas por el Gobierno español
orientadas a la reducción del consumo de energía
en relación a la movilidad pertenecientes al Plan
de Ahorro y Eficiencia Energética 2008-2011 del Ministerio
de Industria, Turismo y Comercio. Entre ellas,
hay que resaltar la que hace referencia a una compensación en la factura de las empresas ferroviarias por la
electricidad recuperada a través de la frenada.

En este sentido, también hay que reseñar que Renfe
se comprometió de forma voluntaria en 2006 a reducir
un 9,1% su consumo energético específico por unidad
de transporte al finalizar el ejercicio 2009. Esto supone
un adelanto de tres años con respecto a la propuesta de
la Estrategia de Ahorro y Eficiencia Energética en España
del Gobierno. Y es que la empresa, como principal
consumidor de electricidad en este país, tiene la responsabilidad
de liderar el ahorro de energía en el sector del
transporte, el cual, con un 36,2% del total nacional, es
el que mayor cantidad emplea según los datos del IDAE
(Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía).
Además de ser una responsabilidad, la eficiencia
energética también es una ventaja competitiva para
Renfe, ya que el gasto de energía del tren por cliente
transportado es muy inferior al del avión o la carretera.
Para potenciar esta característica, se están llevando a
cabo en cada Área de Actividad de la empresa numerosas
iniciativas de ahorro.
Renfe, transportista oficial de CONAMA 9