La alta velocidad turca sabe hablar español
El tren veloz despega en Turquía con la inauguración a finales de año de un tramo de 245 kilómetros de la línea Ankara-Estambul.

 
Texto: Antonio Carballo
 

La historia del ferrocarril tiene en Estambul el punto de destino de una de sus rutas míticas; el Orient Express que Agatha Christie convirtió en escenario de un crimen que el astuto Hércules Poirot resolvería. La escritora, igual que un puñado de privilegiados, pudo disfrutar de uno de los viajes más celebrados entre Londres, París y Estambul, que aún
hoy, y reeditado por una cadena de viajes de lujo que lleva el nombre del tren, termina con té en el lujoso y tradicional hotel Pera Palace a orillas del Bósforo.
Pero la realidad del sistema ferroviario en Turquía tiene poco en común con el glamour del Orient Express. La empresa estatal turca TCDD (Türkiye Cumhuriyeti Devlet Demiryolları) fue fundada en 1927 y trabajan en ella más de 25.000 personas. Su principal eje, la línea Ankara-Estambul que da cobertura a buena parte de las ciudades importantes del país, es antigua y está colapsada. Su trazado actual de 562 kilómetros llenos de curvas sinuosas, tiene 364 kilómetros que son en vía única y el estándar del servicio dista mucho del homologado en la red europea.

Entre la capital europea y la asiática de Turquía circulan cada día siete trenes, uno de los cuales es nocturno. Su circulación se ve obstaculizada por los sistemas de cercanías de Ankara (cuatro millones de habitantes), Estambul (12 millones) y del resto de ciudades intermedias. La suma de dificultades hace que el tren tenga una cuota de mercado de transportes del 10%, frente al 73% del coche y al 17% del avión.
Las autoridades turcas decidieron en 2000 poner fin al atraso diseñando uno de los planes más ambiciosos de construcción de una red de alta velocidad que, por la propia lógica de sus tráficos, tenía que tener su primera actuación en el Proyecto de Tren de Alta Velocidad Ankara-Estambul. El diseño de la línea preveía la construcción de una doble vía, apta para circular a 250 kilómetros por hora que debía reducir en más de la mitad el tiempo de viaje entre
las dos principales ciudades del país; de seis horas y media a 180 minutos. El trazado recortaría 43 kilómetros a su predecesor.

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