Zaragoza
Expuesta ante el paso del tiempo
La capital aragonesa celebra este verano la Expo 2008 dedicada al agua y al desarrollo sostenible.
 
Texto: Luis Argeo
 

Cuatro grandes culturas barrieron la península Ibérica marcando una impronta monumental, enriqueciendo las ciudades que emergían sobre la piel de toro. Cuatro culturas en caravana, la ibera, romana, árabe y cristiana, cuatro
que dejaron aquí vestigios arquitectónicos y suficientes recuerdos como para sostener a partir de ellos uno de los principales fenómenos de la sociedad contemporánea: el turismo.
La armonía de estas cuatro culturas puede apreciarse de un vistazo acudiendo a la capital aragonesa, a la que habrá que denominar Salduba, César Augusta, Sarakosta, Zaragoza según se contemplen los restos arqueológicos iberos en el museo de Bellas Artes; las murallas romanas del siglo III; edificios como el Palacio de la Aljafería y los Baños Árabes; o las populares huellas cristianas, la basílica del Pilar, la Lonja renacentista o la catedral de la Seo (antigua mezquita).
Un paseo por la actual Zaragoza evoca otras importantes etapas históricas: los templos mudéjares como Santa María Magdalena o el convento de Santa Lucía conducen a una época de confluencias culturales además de a la orilla derecha del Ebro. La bella callejuela del Arco del Deán invita a transitar por el Renacimiento. La imagen de Agustina de Aragón sobre su pedestal y los destrozos de la Puerta del Carmen recuerdan los trágicos combates durante los Sitios de Zaragoza en 1808, inmortalizados a golpe de pincel por Dumont, que comparte el silencio del Museo de Arte con el célebre aragonés Francisco de Goya.

En Zaragoza, el folclore se convierte en danza cuando los baturros, tras ceñirse el cachirulo a la cabeza, invitan a sus parejas a bailar poniendo el punto sobre las jotas. Danzarines, baturros, gigantes y cabezudos, todos asaltan las calles de la ciudad cuando llegan las fiestas del Pilar. Esos días parecen aconsejables para degustar algunos platos típicos aragoneses, como el pollo al chilindrón, las borrajas, y dulces como el guirlache. Y conviene acompañar dichos
manjares con tinto de Cariñena, pues convierte las jotas en eses y las fiestas en siestas.


Pero la fiesta de la que más se habla ahora en Zaragoza ha convertido el vino en agua. Porque es la fiesta del agua, la esperada Expo Zaragoza 2008. Paradójicamente, se les desbordaron los nervios cuando vieron crecer al Ebro, y al ver tanta lluvia en los días previos a su apertura. Ya nadie tirita como entonces. El agua vuelve a ser querida. El agua y el desarrollo sostenible, que estarán abrazados por el río Ebro hasta el 14 de septiembre, en un recinto ferial con 140 pabellones que acogerán más de 5.000 espectáculos y riadas y riadas de visitantes.

Renfe, transportista oficial de Expo Zaragoza 2008

 
 
 
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