Todas las grandes ciudades tienen monumentos
y París no iba a ser menos. Los tiene, y de
una belleza incuestionable. Pero el encanto
de la capital francesa va más allá. Pocas ciudades son
capaces de dotar a cualquier rincón de un embalaje
que lo haga inconfundible. París lo logra. En esta ciudad
lo grande se transforma en sublime y lo pequeño
se hace mágico. Bienvenidos a la Ville.
Conocida como la Ciudad de la Luz, París es para
muchos la ciudad más bella del mundo. Hay quien no
estará de acuerdo con esta afirmación pero lo que es
innegable es que es la urbe más visitada del planeta.
Y debe de ser por algo. A esta ciudad que nació a horcajadas del Sena hace más de dos mil años, le
sobran argumentos para tal distinción. Sólo hay que
levantar bien la cabeza para observar prodigios como
la Torre Eiffel, la fastuosa basílica del Sacré Coeur de
Montmartre, la cúpula de los Inválidos o la catedral de
Notre-Dame que se eleva como “una vasta sinfonía de
piedra, según escribió Victor Hugo”. Tal monumentalidad
surge sin ningún esfuerzo.
Pero vayamos por partes. París es una urbe que
encierra muchas ciudades. Cada una con una historia.
Nada mejor que comenzar con un paseo por el interior
de las dos islas rodeadas por las aguas del Sena
y que son el origen de la ciudad medieval. La Île de la Cité, verdadero corazón de París, está repleta de
auténticas joyas arquitectónicas como la catedral de
Notre Dame, la capilla de Sainte-Chapelle o las torres
de la Conciergerie. Por el contrario, la más pequeña
Île Saint Louis ofrece un ambiente más reposado, con
su umbroso paseo sobre el río en el que se organizan
antiguas y señoriales mansiones del siglo XVII.

Después puede continuar con un paseo por el Barrio
Latino, casi a orillas del Sena. Mítico y viejo barrio
rebosante de nuevas ideas, desde la fundación de La
Sorbona en el siglo XIII, este lugar ha sido sinónimo
de vida universitaria. De hecho, su nombre proviene
de que la enseñanza se impartía en latín vulgar. La
zona sigue en continua ebullición cultural, gracias a
las cafeterías, librerías y editoriales que lo salpican.
Dése el placer de hojear unos libros en la librería
Gilbert Jeune. El barrio está formado por pequeñas
vías y callejuelas donde abundan los bares y restaurantes
de todos los lugares del mundo.

Es recomendable
no perderse el Museo Medieval Cluny donde se encuentra la conocida sala de los tapices de la
Dama y el Unicornio del siglo XV. Aquí se encuentra
la estación de Austerlitz, que es el madrugador
destino del trenhotel que conecta Madrid-Chamartín
con París después de una noche de viaje. Gestionado
por Elipsos (sociedad constituida a partes iguales
por Renfe y la francesa Sncf), el tren nocturno entre
las dos capitales europeas se concibió como un hotel
rodante para añadir a las muchas ventajas del viaje
en ferrocarril la comodidad de un hotel. Asimismo,
el trenhotel Joan Miró conecta Barcelona con la ciudad
francesa a través de esta misma estación, en
pleno centro de la Ville.

No lejos de aquí, el antiguo barrio parisino de Saint
Germain ocupaba en el siglo IX los alrededores de
una de las abadías benedictinas más célebres de
Francia. Ahora es zona de cafés literarios, cavas de
jazz, y pequeños restaurantes y bares. La iglesia románica
alberga los restos de René Descartes, fundador
de la filosofía moderna.
Viaje a París en el servicio Trenhotel de Renfe