Si
queremos dedicar unos minutos de reflexión a las redes logísticas, parece prudente
iniciarlos con un somero análisis de la
más eficiente y desarrollada red logística, que no es
sino aquella de la que dispone el cuerpo humano. En
efecto, la sangre recorre un circuito y llega a todas las
partes del organismo para cumplir sus funciones. El
centro del sistema circulatorio lo constituye el corazón.
El circuito tiene partes muy diferenciadas, venas
y arterias, principales y periféricas, y vasos capilares.
Se trata de llegar a todas las células. La velocidad,
como en nuestras carreteras, depende por dónde se
circule. Así mismo, la circulación sanguínea se adapta a las diversas demandas del cuerpo para así responder
en el momento preciso a la demanda solicitada.

De las anteriores líneas podemos deducir que la “red logística” de nuestro cuerpo presenta algunas
características interesantes: es una red de servicio
universal; está pensada para llegar a todos; es de respuesta ágil, flexible e inmediata; está basada en la
coordinación de muchos órganos; la infraestructura
tiene la capacidad adecuada; los diferentes “modos de
transporte” conviven armónicamente y sirven al cuerpo
humano, y existen infraestructuras específicas.

Por analogía, de la perfección de la naturaleza
podemos extraer una enseñanza práctica que nos sirva como modelo en la definición y desarrollo de las
redes logísticas. En la actualidad, las redes logísticas
están descompensadas y en estado grave como consecuencia
de la baja cuota de participación del ferrocarril.
El transporte de mercancías por ferrocarril
es imprescindible en una red logística moderna. Es
necesario, lo necesitamos y debe jugar el papel que le
corresponde en aras del bien común.