Europa carga a sus espaldas con una larga
y compleja historia que, gestionada con
mentalidad particularista, puede alimentar
tendencias de dispersión. Por ello, los espíritus que
pugnan por hacer de la UE una realidad, impulsan
proyectos que hagan creíble su integración en cualquier
aspecto. Existe el empeño por lanzar “la Europa
unida de las infraestructuras” para la creación de
una red paneuropea del tren de alta velocidad que
se convierta en el eje dorsal del continente.
La red francesa del TGV ha sido la gran impulsora
de los tráficos transfronterizos europeos. Aunque fue
años más tarde cuando comenzó a trazar servicios internacionales
específicos, ya desde su lanzamiento en
1981 con la puesta en servicio de la ruta París-Lyon, y
mediante una prolongación de la ruta por vías convencionales,
el TGV llegó hasta la ciudad suiza de Ginebra.
Con el paso de los años el servicio ha sido mejorado y
hoy el recorrido París-Ginebra se cubre en 3,45 horas.
Además, la expansión internacional hacia el sureste no
ha cejado y ahora llega a Lausana, Turín y Milán.
El pasado noviembre, el tren de alta velocidad
Eurostar ha dado un importante paso adelante. Este
tren, que se hizo célebre por unir capitales europeas
de imposible conexión ferroviaria como Londres, París
y Bruselas gracias al uso del túnel bajo el Canal de la
Mancha, llega con un ahorro en los tiempos de 20
minutos. Cubre Londres-París en 2,15 horas, Londres-Bruselas en 1,51 horas y Londres-Lille en 1,20 horas.
Estos registros cada vez más competitivos se consiguen
por la entrada en servicio en el tramo británico de
la primera línea de alta velocidad de Reino Unido. En
los 108 kilómetros desde el canal hasta Londres se ha
logrado igualar la velocidad a la del resto de la línea.
Otro elemento de mejora es la inauguración de la nueva
estación de St. Pancras en el corazón de Londres.

El servicio Thalys de alta velocidad nació en la última
década del pasado siglo como consecuencia del fuerte
impulso expansionista del TGV francés. Su eje principal
está constituido por la conexión entre París y Bruselas. El servicio enlaza las ciudades de Lieja y Amberes en
Bélgica; La Haya, Rotterdam y Ámsterdam en Holanda,
y Aquisgrán y Colonia en Alemania, utilizando en unos
tramos trazados específicos de la líneas de altas prestaciones
y en otros redes ferroviarias convencionales.