El Chorro
Un gigante esculpido por el Guadalhorce
Desfiladeros, pantanos y sendas se complementan con el paisaje urbano de la capital malagueña.
 
Texto: Patricia Cruzado Villalobos
 

Con la paciencia propia del tiempo, el río Guadalhorce ha ido abriéndose paso entre la roca caliza hasta tallar un paisaje dominado por desfiladeros, bautizado como el pantano de El Chorro. Ubicado entre las localidades de Álora, Ardales y Antequera, en la provincia de Málaga, este cañón de tres kilómetros de recorrido y alturas de hasta 700 metros, con una anchura que no supera los 10, se enmarca en el Paraje Natural Desfiladero de los Gaitanes.
Hasta al más osado de los escaladores le invade una ineludible sensación de vértigo al atisbar, anexo a la pared de la garganta, una pasarela de menos de un metro de ancho que une los embalses de El Chorro y el Gaitanejo, a 100 metros de altitud, llamada el “Caminito del Rey”. El deterioro de su estructura, visible desde la carretera sin asfaltar, y en la que se sortean incluso agujeros de cerca de un metro, ha provocado su cierre desde el año 2000. El camino fue construido junto a la presa del Conde de Guadalhorce entre 1901 y 1905, e inaugurado en 1921 por el Rey Alfonso XIII, a quien le debe su nombre. Este paso, que pertenece a la Sociedad Hidroeléctrica de El Chorro, estaba destinado a facilitar la comunicación y el transporte de materiales en el canal.

Partimos en coche desde Álora. A este pueblo pertenece el poblado de El Chorro, considerado como una barriada ubicada a 12 kilómetros del casco urbano y nacida de la actividad de la presa construida a sus pies. Antaño, albergó a los trabajadores de la empresa hidroeléctrica, aunque hoy tan sólo habitan 65 personas en el núcleo y 186 en las casas diseminadas por la zona. Con el tiempo, su entorno se ha ido transformando hasta el punto de construir, sobre lo que era la fábrica de harina Santa Mariana, el complejo turístico La Garganta.
Una vez allí, se toma el camino hacia el desfiladero de los Gaitanejos. Para acceder a esta vertiginosa senda es necesario primero caminar varios metros junto a la vía del tren –que une Álora con Málaga– sobre un puente a considerable altura. Justo antes de que los rieles ingresen en el túnel, comienza la pasarela, desamparada de pasamanos en multitud de tramos. De vez en cuando y sin previo aviso, una roca de la pared sobresale, haciendo imprescindible mantener el equilibrio y, sobre todo, evitar la tentación de mirar hacia abajo. Quizá, cruzar los dos puentes del camino, uno de ellos sumamente estrecho y desprovisto de sujeción alguna, sea el momento en que el corazón más se acelera, como el de un acróbata de circo justo antes de realizar su salto mortal. Además de esta senda, actualmente existen rutas alternativas nada arriesgadas para recorrer la zona.

El Chorro con Renfe Media Distancia

 
 
 
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