El factor tiempo, pese
a que los desplazamientos
en avión son más
cortos, los tiempos de
espera y, en determinados
casos, las distancias
de los centros urbanos,
tienden a equiparar las
diferencias. Además, la
mayor adaptación de los
espacios del tren, como
espacio de trabajo para
el viajero de negocio
(más espacio, conexiones,…),
contribuyen a
reforzar el aspecto de la
optimización y eficiencia del tiempo del viajero de
negocios en detrimento
del pasajero de avión.
En lo que al precio se
refiere, el nuevo sistema
tarifario de Renfe se
mueve en términos muy
similares a los de las compañías
aéreas, tanto en
tarifas como en productos.
Pese a ello, cuando el destino
final del viajero sea el
centro de la ciudad, habrá
que considerar el ahorro
en el desplazamiento
desde el aeropuerto.
En el ámbito de la
distribución y de la tecnología
aplicada a la reserva
de billetes, Renfe se ha
puesto al día, procurando
atender las exigencias
de las empresas y de las
agencias de viajes de negocios.
La clave radica en
la capacidad de incorporar
tecnología adaptada a los
sistemas de trabajo de las
agencias especializadas.
El factor tecnológico
es clave en el negocio
corporativo y un factor de “cautividad” evidente.