La industria ferroviaria mundial imita cada día
con mayor intensidad los usos del dinámico
sector de la aviación. Igual que ocurriera meses
atrás con el lanzamiento de los súper aviones Airbus
380 o Boeing 787, el pasado 5 de febrero hemos asistido
a un multitudinario acto de presentación en sociedad
en la Rochelle (Francia) del último modelo de tren de
alta velocidad desarrollado y construido por el fabricante
galo Alstom. El acontecimiento estuvo revestido
del mayor despliegue mediático que se recuerda en el
panorama ferroviario y contó con la presencia del presidente
de la República francesa, Nicolás Sarkozy.
El AGV (Automotriz de Alta Velocidad en sus siglas
en francés) no es sólo una máquina que representa la última expresión de los avances del ferrocarril mundial.
Es la gran apuesta tecnológica francesa para no quedarse
rezagada en la dura lucha por el reparto de la tarta creciente
de la expansión del tren veloz en todo el mundo.
Y es que, a los pioneros de la alta velocidad le han salido
durísimos competidores como son el Velaro de Siemens,
que se ha convertido en una de las estrellas de los servicios
Renfe Ave como el S-103; el Zefiro, lanzado por el
gigante canadiense Bombardier y que ya ha ganado un
importante contrato de 40 trenes por 1.000 millones de
euros para la nueva red china de altas prestaciones, o las
tecnologías asiáticas, tanto japonesa como china.

En la lucha participa, como cuarto en discordia, el modelo
hispano-canadiense (para Renfe, el de la serie 102)
con el que la empresa española Talgo y su aliado Bombardier
han concurrido a licitaciones en todo el mundo.
Se calcula que en la próxima década se construirán
entre 6.000 y 10.000 kilómetros de nuevas líneas
de alta velocidad en Europa, Asia (especialmente en
China), Oriente Medio y el Magreb, América del Sur y
Estados Unidos. El primer gran concurso para dotar
de material rodante a esa inmensa red se va a disputar
en la propia Francia. La empresa Sncf prevé lanzar
a finales de este año la licitación para renovar su actual
flota de 500 trenes TGV a un ritmo de 15 o 20
unidades al año hasta 2020. El contrato representará
una inversión de 9.000 millones.
Un tren que cuida el medio ambiente