Las redes transeuropeas
de transporte (RTE-T)
constituyeron unos de
los primeros proyectos
de la política europea de
transporte a mediados de
la década de los ochenta
y, como tales, fueron
incorporados al Tratado de
Maastricht (1992) como
gran objetivo político. Se
pretendía crear verdaderas
rutas transeuropeas,
primando decididamente
al ferrocarril. En la
cumbre de Essen (1994)
se aprobaron 14 grandes proyectos transfronterizos
que debían estar finalizados
en el año 2010,
pero el programa estuvo
embarrancado unos
cuantos años, de modo
que en 2004 sólo habían
terminado tres proyectos.
Entre los que se quedaron
por el camino figuraban el
eje de alta velocidad del
sudoeste de Europa (Lisboa-Madrid, Madrid-París
por Bilbao y Madrid-Lyon
por Barcelona), y las obras
del eje multimodal Portugal/España-resto de Europa, ambas en construcción
en estos momentos. En
el año 2004 se amplió la
lista de proyectos hasta
sumar 30, con fecha de
finalización en el 2020.
Entre los 16 nuevos
proyectos se incluyó un
nuevo tendido ferroviario,
de uso preferente para el
transporte de mercancías,
entre Sines, Algeciras y
Madrid, y las diferentes
obras de interconexión de
la red de alta velocidad de
España y Portugal con el
resto de Europa.