Los puertos miran al ferrocarril
El tren se ha convertido en el elemento decisivo para el desarrollo del transporte marítimo de mercancías.

Juan Zamora Terrés. Director del Centro de Logística y Servicios Marítimos de la Universidad Politécnica de Cataluña

 
 

El transporte constituye un elemento clave en el crecimiento económico español y europeo. El aumento constante de su demanda está creando, en contrapartida, numerosos problemas que amenazan el futuro desarrollo económico. La congestión de las carreteras y aeropuertos no sólo añade un 6% a la factura energética que pagamos en la Unión Europea (lo que supone miles de millones de euros), sino que ocasiona pérdidas muy cuantiosas en horas de trabajo,
enfermedades debidas al estrés en las personas y costes medioambientales cada día más difíciles de asumir. El sector del transporte es responsable del 28% de las emisiones a la atmósfera de dióxido de carbono (CO2), el principal gas de efecto invernadero y responsable, en buena parte, del llamado cambio climático.

Sin embargo, cuando hablamos de transporte sería conveniente distinguir entre los diferentes modos (carretera, ferrocarril, aéreo y marítimo), puesto que el impacto negativo de cada uno de ellos resulta muy diferente. El 84% de la contaminación por CO2 procede de los vehículos de carretera, modo de transporte responsable también de 41.600 muertos en los países de la UE y 1,7 millones de heridos (cifras consolidadas de 2005), con un coste estimado del 2% del Producto Interior Bruto europeo. La carretera supone el 44% del transporte de mercancías y el 85% del transporte de pasajeros. Teniendo en cuenta el colapso de las infraestructuras y que el transporte por carretera resulta, de largo, el más costoso en términos económicos y medioambientales, desde 1986 y, en particular, desde la publicación del Libro Blanco en 2001, los objetivos de la política europea de transportes se cifran en traspasar al ferrocarril y al modo marítimo el mayor número de mercancías y de pasajeros que hoy se transportan por carretera (larga distancia) y por avión (corta distancia).

Redes transeuropeas, proyecto y realidad

 
 
 
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