Buenos resultados para el ferrocarril belga
El ferrocarril belga ha tardado en sumarse a la liberalización. Su cambio ha sido premiado con los mejores datos del tren en Europa.

 
Texto: Antonio Carballo
 

Bélgica es un país pequeño, con poco más de 10 millones de habitantes, que está flanqueado por los dos gigantes ferroviarios: Francia y Alemania. Esto le obliga a soportar una incómoda comparación, ya que sus estructuras de tren, las más densas de Europa, se han modernizado despacio. Pero esto también se ha traducido en ventajas notables como el acceso a la alta velocidad a través de los servicios Thalys y Eurostar.

La dimensión manejable del país no le ha ahorrado tener que enfrentarse a los retos que han acechado al ferrocarril europeo, como la elevada deuda histórica, las abultadas plantillas, la competencia del avión y de la carretera, y las ineficiencias de las estructuras del monopolio. El entramado ferroviario belga, además, se vio penalizado, en su día, por una decisión política. A diferencia de otros ferrocarriles europeos, el gobierno belga no se hizo cargo de la deuda histórica acumulada y, cuando se quiso abordar la renovación de las rutas y tráficos domésticos, y financiar las líneas de alta velocidad que impulsaban sus vecinos, el sistema se vio sumergido en el colapso.


Aunque tarde, la rectificación llegó en 2004. Para adecuarse a la legislación liberalizadora, una nueva ley permitió dar a luz una estructura ferroviaria totalmente renovada. De la escisión de la administración ferroviaria tradicional Sncb, surgió una empresa de cabecera, Sncb Holding, de la que se ha hecho depender a dos filiales: un gestor de infraestructura, Infrabel, y un operador ferroviario de viajeros y mercancías, Sncb Explotación.

Mercancía despega con nuevos operadores privados

 
 
 
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