El rápido crecimiento socioeconómico ocurrido
durante las últimas décadas en los
países industrializados ha supuesto una
importante degradación del medio ambiente, lo
que conlleva un impacto negativo sobre la salud
humana. En este sentido, la Organización Mundial
de la Salud (OMS) en el Informe de Salud 2000
constata que los factores ambientales pueden explicar
hasta el 20% de la variabilidad de los estados
de salud de la población. El transporte, en
un sentido amplio, se encuentra en el origen del
problema de la contaminación acústica.
De los diferentes tipos de ruido de transporte,
es el ferroviario al que se le ha prestado una menor
atención, quizá porque individual y socialmente, a
igual nivel, ocasiona una menor molestia que el
generado por otras infraestructuras de transporte,
es decir, el ruido del tráfico ferroviario se percibe
más positivamente.
Recientemente, los sistemas de transporte ferroviario
han incrementado el número de reclamaciones
recibidas de los residentes cercanos a las
líneas férreas. Las molestias son debidas, tanto a
la recepción directa del ruido, como a la vibración
y, en ocasiones, a su efecto asociado denominado “ruido estructural”.

El contexto normativo de la Unión Europea
(mirar recuadro), así como las directivas de interoperatibilidad
de los ferrocarriles europeos, están
suponiendo un fuerte impulso en la investigación
sobre la medida y el control del ruido el ferrocarril
en la Unión Europea, dando apoyo a la labor
que el Instituto Europeo de Investigación del Ferrocarril
(ERRI) y la Unión Internacional del Ferrocarril
(UIC) han liderado en los últimos años.
Proyectos como el Metarrail, Silent Freight,
Silent Track, Twins o Stairrs, se han centrado en
el conocimiento de la medida y modelización del
ruido emitido por el ferrocarril, y de las técnicas
para su control.
El marco normativo de la Unión Europea