El acceso en transporte público a las grandes ciudades europeas
El coche condena y el vehículo público libera
El tren metropolitano y los servicios de cercanías son reconocidos por los ciudadanos y las administraciones locales como los instrumentos más eficientes y ecológicos para facilitar la
movilidad sostenible a una humanidad que se ha vuelto urbana.
 
Texto: Antonio Carballo
 

En una población como Madrid, considerada por los especialistas como ejemplo de buena gestión del transporte público, sólo el 31% de los desplazamientos se realiza mediante sistemas colectivos, mientras que el 69% restante utiliza el vehículo privado. En España el coche es el modo dominante en la mayoría de las ciudades, siendo el más empleado en más de la mitad de los desplazamientos, según indica el Observatorio de Movilidad Metropolitana de 2005. El informe también revela el papel destacado del metro en las poblaciones que cuentan con este servicio, así como el de los traslados a pie (más popular en las áreas medianas y pequeñas), con porcentajes superiores a los de otras ciudades europeas. Sin embargo, estas últimas hace un uso mayor de la bicicleta.
Por este motivo los expertos mundiales en movilidad, como Hans Rat, secretario general de la UITP (Unión internacional de Transporte Público), insisten en la necesidad prioritaria de extender las redes de metro y de cercanías en las ciudades y popularizar el transporte público en general. Ello combinado con el establecimiento de líneas pedagógicas para que los ciudadanos hagan un uso de sus vehículos particulares compatible con las necesidades de la sostenibilidad ecológica.


Un estudio de la UITP calificado como “la biblia en asuntos de movilidad sostenible” y titulado Ciudades del milenio, recoge datos sobre un centenar de megalópolis y alerta de que el crecimiento acelerado del parque de automóviles puede comprometer el desarrollo económico y empeorar las condiciones de vida de las personas. Indica también que los costes del transporte suman entre el 5 y el 7% del gasto bruto de cada ciudad. Pero no todas las urbes hacen uso de sus recursos de movilidad con el mismo concepto de racionalidad. La UITP advierte que el gasto puede reducirse a la mitad si se priorizan los desplazamientos a pie, en bicicleta y en transporte colectivo o, por el contrario, puede dispararse hasta el 15% si la apuesta es por el automóvil.
Ciudades del milenio señala que el crecimiento anual del parque de automóviles privados en las urbes analizadas se sitúa entre el 15 y el 20%. Este aumento “no puede ser acompañado en un ritmo comparable por la construcción de infraestructuras destinadas a la circulación de automóviles, camiones y autobuses”. Como consecuencia “estas ciudades pueden llegar a la parálisis en poco tiempo, a no ser que se reorganice el transporte público”. Bangkok, Manila o Yakarta han logrado velocidades de circulación en sus horas punta que no superan los dos kilómetros por hora.

La UITP denuncia el derroche de espacio y de energía que provoca la primacía del vehículo privado. “Si 50.000 viajeros por hora y sentido ocupan nueve metros de la longitud de una calle determinada cuando se desplazan en metro o tren de cercanías, la misma cifra de viajeros se extiende hasta 35 metros cuando se mueven en autobús, y ocupa 175 metros si viajan en automóvil. Además el transporte público consume 3,7 veces menos energía que los automóviles por cada persona para un mismo desplazamiento”.


El abuso del coche privado impulsa a las urbes hacia escenarios de congestión y contaminación, mientras que la implantación de sistemas de transporte colectivos las catapulta hacia la racionalidad y el ahorro. Andrés Monzón, catedrático de Transportes de la Universidad Politécnica de Madrid pone en juego otro estudio, éste sobre“la movilidad y sus hábitos en las 15 mayores ciudades españolas”. Sentencia que “cuanto más componente de medios ferroviarios existen en un sistema metropolitano de desplazamientos, más alta será la componente de uso del transporte público en dicha ciudad”.
El catedrático explica que para los ciudadanos, que cada vez en mayor cantidad viven en el exterior de la ciudad o en otros municipios, la decisión de acudir a trabajar en tren o en coche privado depende en gran medida de la eficacia y comodidad del medio de transporte que deba utilizar. Si el tren le deja en los bordes externos de la urbe, se verá obligado a hacer múltiples trasbordos para llegar a su destino final. La política de hacer que líneas de ferrocarril de cercanías crucen la ciudad por debajo y dejen a sus pasajeros en el mismo centro consigue el efecto contrario: logran que el usuario no tenga que hacer muchos transbordos con lo que desistirá de usar su vehículo privado.

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