Zaragoza
Belleza interior
Inundada de historia y bañada por las aguas del río Ebro, la capital aragonesa se ha convertido en
los últimos años en una ciudad abierta al turismo y al desarrollo. Su mejor escaparate, la Expo 2008.
 
Texto: Juan Carlos Fernández
 

La capital aragonesa siempre ha sido una ciudad de paso por su estratégica posición entre los núcleos urbanos más importantes de nuestro país. Se sitúa a la misma distancia de Madrid, Barcelona, Bilbao y Valencia, y por eso, a lo largo de la historia, se han asentado distintos pueblos como el íbero, romano, árabe y cristiano, lo que ha permitido conocer a Zaragoza como “la ciudad de las cuatro culturas”. Las huellas del pasado se extienden por un extenso territorio que ni tan siquiera el fuerte viento que recorre el valle del Ebro en cualquier época del año, el temible cierzo, ha sido capaz de borrar. Esta singularidad es lo que confiere a los zaragozanos un carácter amable y abierto, ya
que continuamente reciben con los brazos abiertos al visitante que recorre sus calles.
Si de algo presumen sus habitantes es de rendir culto al río Ebro, que, como ellos dicen, es bendecido por la Virgen del Pilar al pasar por la majestuosa basílica del siglo XVII que preside la entrada por el norte de la ciudad y que ha sido testigo mudo de la historia. Durante el mes de octubre se celebran las fiestas en su honor, que tienen su punto álgido el 12 de octubre. Ese día miles de personas, venidas desde todos los rincones de Aragón e incluso de España, desfilan vestidos con los trajes regionales y portan flores que ofrecen a la “Pilarica”. El ramo es muy importante porque cada año el manto de la patrona cambia de color. Si coincide con las que se llevan pasarán a formar parte de esa espectacular y bella túnica sagrada. Durante una semana, los espectáculos se adueñan de la vida de los habitantes: teatro, música, danza, gigantes y cabezudos, vaquillas, corridas de toros, actividades infantiles… Todos los ingredientes para que no falte la diversión ni un instante.

Además de la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, hay numerosos monumentos que se pueden visitar: la recientemente rehabilitada catedral gótica de La Seo, una joya arquitectónica iniciada en el siglo XII y finalizada en el XVIII; el palacio árabe de la Aljafería (siglo XI), actualmente sede de las Cortes de Aragón; la renacentista Lonja, convertida en sala de exposiciones del Ayuntamiento; los restos romanos, como las murallas, las termas o el teatro de Caesaraugusta; las iglesias de San Pablo, Santa Engracia o San Carlos; los renacentistas palacios de los Pardo,
Montemuzo, Sástago o Conde de Morata; los museos Pablo Gargallo o Zaragoza; y el Centro de Historia, que desarrolla infinidad de actividades culturales. Éstos son algunos de los innumerables ejemplos de la riqueza arquitectónica y escultórica que posee una tierra ligada, por encima de todo, a sus raíces.

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