Atracciones sobre raíles
Un viaje trepidante
Montañas rusas, juegos infantiles y trenecitos de paseo convierten al ferrocarril en un sinónimo de
diversión imprescindible en los parques temáticos.
 
Texto: Ana Lamas
 

Por un precio de 50 céntimos, una persona podía disfrutar, a principios del siglo XIX, de una experiencia inolvidable en la denominada Gravity Road. Y es que, en esta vía ferroviaria, lo único necesario para mover los vagones era la gravedad. El recorrido se hacía desde las minas de carbón de las montañas hasta el pueblo estadounidense de Mauch Chunk, en el pequeño estado de Pensilvania y los vagones bajaban la pendiente a gran velocidad por un camino de raíles repleto de baches. Era una vía que por las mañanas se utilizaba para el tráfico de carbón, pero que pronto se adaptó al transporte de viajeros que querían pasar una tarde de diversión en un trepidante trayecto colina abajo.
Estamos en el año 1827 y acababa de nacer la primera montaña rusa americana. Además del emocionante recorrido final, los viajeros de este ferrocarril tenían la oportunidad de dar un placentero paseo por las montañas, comer en un restaurante o descansar en un hotel. La fama de esta novedosa oferta de ocio se extendió por todos los rincones del país y más de 35.000 visitantes al año tuvieron la ocasión de montarse en la Mauch Chunk Switchback Railway hasta
que desapareció dos años más tarde.
A pesar de que el origen de las montañas rusas se remonta a unos enormes toboganes de hielo creados en la Rusia zarista de los siglos XVI y XVII para el disfrute de las clases altas –de ahí su nombre en castellano–, el esplendor de este tipo de atracciones ha estado ligado siempre al desarrollo del tren. Las compañías ferroviarias vieron en este tipo de viajes de entretenimiento una buena ocasión para incrementar sus beneficios en épocas y lugares en los que el número de pasajeros era menor. Por eso, los avances en el mundo del ferrocarril, se aplicaban rápidamente a las recién creadas montañas rusas. A partir de ese momento, su éxito fue imparable.


Desde los años 70 hasta la actualidad, las montañas rusas no han dejado de proliferar por todo el mundo y, hoy por hoy, es la atracción estrella de todos los parques de diversiones. El reto de los diseñadores es actualmente el de crear grandes atracciones cada vez más rápidas, sorprendentes y seguras. Si la madera era el material empleado en las primeras construcciones, desde la invención del acero tubular en 1959, los rizos, los giros y los tirabuzones comenzaron a introducirse a lo largo de su trazado.

Muchas de las montañas rusas que existen hoy en día son verdaderas obras maestras de ingeniería. La Kingda Ka del parque de atracciones de Six Flags Great Adventure en Nueva Jersey es un gran ejemplo. Con sus casi 140 metros de altura tiene el honor de ser la montaña rusa más alta de mundo y también la más rápida desde su inauguración en 2005. Su altura supera en unos centímetros a la gran pirámide de Egipto y su velocidad llega a alcanzar los 206 kilómetros por hora en sólo 3,5 segundos.

En el parque Expoland de Japón se encuentra la más larga, la Daidarasaurus, de 2.340 metros de longitud. También los Alpes suizos cuentan con una de estas atracciones, una montaña rusa alpina que hace un trayecto de un kilómetro a través de la nieve del glaciar Diablerets. Y si hablamos de un paisaje espectacular, el famoso monte Fuji de Japón cuenta con su propia montaña rusa, la Dodompa, que baja serpentenando por una de sus laderas.

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