Forjada después de
tres milenios de historia frente al mar, Cádiz, la
ciudad que ha hecho
del callejeo todo un
arte, sigue firme en su
empeño de asombrar al
mundo cada año con su
incomparable Carnaval. |
En Cádiz no abundan los edificios suntuosos o los grandes
monumentos. Ni falta que le hace. La ciudad más antigua
de Occidente atrapa con su arte. Quien quiera comprobarlo
no tiene más que darse un paseo por la Tacita de Plata
entre el 11 y el 21 de febrero, fecha marcada este año para la celebración de su
archiconocido carnaval. Entonces, la ciudad del humor y del ingenio riza el rizo
para convertir su casco antiguo en el reino de la chispa, el disfraz y la diversión
con mayúsculas. Este desenfrenado baile de máscaras que es el Carnaval de
Cádiz, fiesta declarada de Interés Turístico Internacional, conserva desde sus
remotos orígenes el componente crítico y de subversión de lo establecido que le
da sentido a la celebración. Coros, cuartetos, comparsas y chirigotas o, simplemente,
grupos de vecinos disfrazados cantan desternillantes sátiras sobre hechos de actualidad. Estas agrupaciones carnavalescas
son una verdadera religión en la ciudad. Sus actuaciones
son seguidas por todos sus habitantes y sus discos se
venden durante todo el año.

Fiestas de Carnaval
Los festejos de este año tendrán uno de sus puntos álgidos
el sábado 13 de febrero. Ese día, el autor carnavalesco
José Luís García Cossío, más conocido en Cádiz
como El Selu, será el encargado de pregonar la fiesta en
la plaza de San Antonio. Un día antes, el 12 de febrero,
tendrá lugar en el Teatro Falla la final del Gran del Concurso
de Agrupaciones Carnavalescas, que sirve de dilatada
antesala del Carnaval en la calle. Entonces, el disfraz se
convierte en el rey indiscutible. En Cádiz, disfrazarse es
prácticamente obligatorio, sobre todo el primer sábado
de las fiestas. El máximo exponente de la participación
en la calle se produce con las llamadas agrupaciones ilegales;
grupos de amigos o familias que condensan en las
letras de sus coplas la sabiduría popular propia de, nada
menos, tres milenios de historia.
Estos 3.000 años dan más que de sobra para darse
un largo paseo por el casco antiguo. Tantos siglos de
acontecimientos concentrados en unos diez kilómetros
cuadrados convierten a esta ciudad en toda una lección
viva de historia. Sus murallas y castillos han visto innumerables
invasiones, asedios y batallas. Como las Puertas
de Tierra, significativo reducto de la muralla que protegía
la ciudad durante el siglo xviii y que sirve de entrada hoy
día a la zona monumental. Detrás, la Avenida de Andalucía,
cuya continuación cohesiona toda la zona moderna
de la ciudad, ganada al mar y que sirve de escenario a
la colorista Cabalgata de Carnaval, que reúne a miles de
personas para deleitarse con las coplas, los disfraces y
las decenas de carrozas.
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